martes, 22 de mayo de 2012

SONETO


SONETO 





Cuando escribes un endecasílabo,

la magia de las palabras y el azar,

no sabes adónde te van a llevar,

pues los versos toman su propio rumbo.



Ya lo dijo Lope burla burlando:

Catorce versos dicen que es soneto.

Tal vez un duende salte de un cuarteto

para escaparse del verso cantando.



O puede que no sepa terminarlo,

la incertidumbre me desborda el pecho,

más si no hallo la rima no saldrá mal,



la musa se encargará de combinarlo.

Contad si son catorce y ya está hecho,

dijo Lope, no encuentro mejor final

viernes, 11 de mayo de 2012

Ulises

ULISES




Quisimos engañar a los dioses,

como Ulises,

y engañamos a los hombres,

como Ulises.

Entre cantos de sirena,

evitando naufragar,

con ciclópeos esfuerzos

y tormentas en el mar,

vamos perdiendo esta guerra.

Pero el juego aún no ha acabado,

y sólo Ulises sabe

cómo se puede ganar.

lunes, 7 de mayo de 2012

ULISES

Odiseo
De Wikipedia, la enciclopedia libre
Odiseo y Euriclea de Christian Gottlob Heyne.
Odiseo o Ulises (Ὀδυσσεὺς en griego, Vlixes en latín) fue uno de los héroes legendarios griegos que aparece citado por primera vez en la Cipria o Cantos Ciprios, primero de los poemas del llamado Ciclo Troyano, para después ser uno de los protagonistas de la Ilíada y finalmente el personaje central y que da nombre a la Odisea, ambas obras atribuidas a Homero, y posteriormente en muchas otras obras. Era rey de Ítaca, una de las actuales islas Jónicas, situada frente a la costa occidental de Grecia. Hijo de Laertes y Anticlea en la Odisea, o en relatos posteriores, de Sísifo y Anticlea. Era esposo de Penélope, padre de Telémaco y hermano mayor de Ctímene, que sufrieron esperándolo durante veinte años: diez de ellos los había pasado luchando en la guerra de Troya y los otros diez intentando regresar a Ítaca con una serie de problemas y obstáculos que tuvo que afrontar.

domingo, 6 de mayo de 2012

Mundo loco


MUNDO LOCO



Las leyes naturales o el azar

son máscaras,

tal vez de indiferencia,

quizá de crueldad.

El loco no comprende,

como yo.

El loco no es culpable,

igual que yo.

El loco no está loco,

lo estoy yo.

viernes, 13 de abril de 2012

SÓLO SÉ QUE NO SÉ NADA



SÓLO



Sólo sé que no sé nada

Ignorancia que convence

Nunca mejor expresada

Ignorancia clara y sabia

puede que un punto pasada.

¿Desilusionado trance,

o enigmática bobada?,

sabio ardid que se deduce,

-ilusión desencantada-,

al no hallar otra salida.

Todo el mundo lo sabía,

cuando Sócrates decía:

sólo sé que no sé nada.


SÓCRATES








Nació en Atenas en el año 470 a.C., de padre escultor y madre partera (mayeuta). Dedicó su vida a filosofar, dialogando con la gente en lugares públicos. A diferencia de los sofistas, Sócrates no cobraba por sus clases. No escribió ninguna obra: su pensamiento ha llegado hasta nosotros por el testimonio de quienes lo conocieron, en especial de su discípulo Platón. Convencido de que la verdad se encuentra en el interior de cada hombre, se había propuesto la tarea de ayudar a sus interlocutores a "darla a luz". Por eso decía que su oficio se parecía al de su madre: mientras ella ayudaba a las mujeres a parir niños, él ayudaba a los hombres a parir verdades. Para eso se valía de la ironía, método por el que hacía tomar conciencia a su interlocutor de que en verdad no sabía tanto como creía. Una vez que la persona reconocía su ignorancia, mediante preguntas la guiaba hacia la verdad. La ironía y el diálogo eran así las dos partes de su método, la "mayéutica". Consultado el oráculo de Delfos acerca de quién era el hombre más sabio de Grecia, éste respondió: «Sócrates». Y Sócrates sostenía que efectivamente él era el más sabio porque, mientras los considerados sabios creían que lo sabían todo, él sabía que no sabía nada («Sólo sé que no sé nada»).

Su amistad con Alcibíades (uno de los Treinta Tiranos de Grecia) le valió la enemistad de muchos y, cuando éstos dejaron el gobierno, se vio envuelto en un juicio en el que se lo acusaba de corromper a la juventud introduciendo nuevos dioses. Corría el año 399 a.C. Fue condenado a muerte. Pasó los últimos días en la celda recibiendo a sus discípulos y conversando con ellos de Filosofía (así lo relata Platón en sus diálogos Critón y Fedón). Se rehusó a escapar, siendo que algunos de sus amigos habían arreglado su huida. Llegado el día, bebió la cicuta que le alcanzó el verdugo y murió apaciblemente.

Contra los sofistas, sostenía que, además de opiniones, el hombre es capaz de dar conceptos. Los "conceptos universales" no son para unos de un modo y para otros de otro, no dependen del estado de ánimo de quien los conoce, su contenido es siempre igual, no son inventados sino encontrados en la realidad a través de la experiencia.

En el campo de la Ética se oponía al hedonismo defendido por los sofistas. Distinguió entre un placer bueno y uno malo. Sostuvo que quien sabe, quien entiende, obra bien. «Nadie peca voluntariamente.»


jueves, 1 de marzo de 2012

Las cartas





LA CARTA





Bailaba a solas, abrazado a un libro de Freud, cuando, de súbito,… iba  a decir que sonó el teléfono, pero no es verdad, en realidad ni siquiera estaba bailando. Fumaba, eso sí, y también leía,-a ratos-, un libro, -no de Freud-, digo a ratos, porque intentaba dosificar mi tedio, sólo que me resultaba imposible.



Nunca he servido para tomar decisiones, sé que me gustaría vivir en un mundo diferente, pero no sé cómo construírmelo y cuando lo intento, los recodos imprevistos del pasado se rebotan en mi contra.

Tal vez por eso, no me extrañó encontrar aquella carta, que sobresalía de un sobre de color azul claro, a medio abrir.

La encontré en el interior del libro que estaba leyendo, -un libro de poemas-

En el remite se dibujaba con letra redondilla un nombre de mujer.

No sin esfuerzo, recordé aquél nombre y la cita, diez años atrás.

Sí, una sola noche y una carta enterrada, sin abrir, en un libro al azar.

Esta vez decidí abrirla.

Me tomé un par de copas más. y me encaminé a la dirección que acababa de leer en el remite, el recuerdo puede ser mal consejero



Aquella otra noche, difuminada ya en mi memoria, volvía a abrirse paso, dejándome entrever un cuerpo de mujer.

Un cuerpo de insaciables premuras, ondulante y fiero, que me llevó en un tiempo récord  al hastío.

Creo que aquella vez abandoné la casa y huí antes del alba, incapaz de responder a los besos y a las caricias, a punto de llegar al borde de la crueldad y del asco.

Supuse la frialdad de su mirada, anticipé la indiferencia, incluso el odio. No me importó.



Llamé al timbre con decisión y me abrió ella en persona. Diez años más vieja, pero la misma mirada de esperanza insaciable.

Pasamos la noche juntos y al alba, volví a huir de la misma cama deshecha, otra vez incapaz, de soportar el peso de su amor, demasiado solícito, demasiado dulce, asqueado de mi propia cobardía.

Después vino la culpa, como tantas otras veces, unida a la secreta y reconfortante conciencia de mi propia libertad.



No he vuelto a abrir el libro de poemas. Pero a veces, cuando llega la noche, repaso las líneas, escritas con letra redondilla de una carta escrita hace diez años. Entonces me pregunto qué habrá sido de la mujer de cuerpo menudo y suave  que me esperó en el recuerdo.

A veces, bailo abrazado a sombras invisibles de mujer,  y maldigo la hora en que abandoné aquella cama deshecha, la cama en la que sus lágrimas afilaron los últimos trazos de tinta, justo antes de que sus labios sellaran el sobre con un beso envenenado.